Ana Karenina
Ana Karenina Y los caminos de la vida de los Scherbazky en el balneario quedaron tan fijamente trazados que ya no les fue posible desviarse.
Los Scherbazky conocieron a una lady inglesa, a una condesa alemana y a su hijo, herido en la última guerra, a un sabio sueco y al señor Canut y a una hermana suya que lo acompañaba.
Pero a quien más trataron los Scherbazky fue a una señora de Moscú, Marla Evgenievna Rtischeva, a su hija, que le resultó antipática a Kitty por estar enferma, también, de un amor desgraciado; y a un coronel moscovita a quien Kitty veía y trataba desde la infancia y a quien recordaba siempre uniformado y con espuelas, aunque ahora llevara el cuello al descubierto y corbata de color.
Este hombre, de ojos pequeños, era extraordinariamente ridículo y se resultaba pesado por ser imposible desembarazarse de él.
Una vez establecido aquel régimen vital fijo, Kitty se sintió muy aburrida, más aún cuando su padre se marchó a Carlsbad y la dejó sola con su madre.