Ana Karenina
Ana Karenina Desde algunos días antes, Dolly venía pensando en cómo vestir a los niños. Al efecto, cosieron, transformaron y lavaron los vestidos, quitaron las costuras y deshicieron los volantes, pegaron botones y prepararon cintas. La inglesa se encargó de hacerle a Tania un vestido, cosa que le costó a Dolly muchos disgustos; en efecto: dispuso mal las piezas, cortó en exceso las mangas y casi estropeó el vestido, que caía penosamente sobre los hombros de Tania; pero Matrena Filimonovna tuvo la idea de añadir algunos pedazos a la cintura para ensancharla y hacer una esclavina, con lo que también esta vez «todo se arregló».
Cierto que hubo un disgusto con la inglesa, pero por la mañana el asunto quedó terminado y a las nueve, hora en que había dicho al sacerdote que acudirían, los niños, radiantes de alegría con sus vestidos de fiesta, estaban en la escalera ante el cabriolé, esperando a su madre.
Engancharon al coche, para la tranquilidad de Matrena Filimonovna, el caballo del encargado, «Pardo», en vez del «Voron», que era menos dócil. Daria Alejandrovna, entretenida largamente con su atavío, apareció al fin en la escalera llevando un vestido blanco de muselina.