Ana Karenina
Ana Karenina A decir verdad, Alecha no procedía del todo correctamente. Se volvía sin cesar para examinar por detrás su casaquita, pero de todos modos resultaba muy gracioso. Tania, tan seria como una mujercita, vigilaba a los pequeños. Lily estaba bellísima con su ingenua admiración ante todas las cosas. Fue imposible no sonreír cuando, después de comulgar, dijo:
–Please some more .
De regreso a casa, los niños, comprendiendo que se había realizado algo solemne, iban muy quietecitos.
En casa marchó todo bien al principio, pero durante el desayuno Gricha comenzó a silbar, desobedeció a la inglesa y hubo que castigarla privándola del postre. De haber estado presente en el desayuno, Dolly no habría permitido que se la corrigiera en un día como aquel, pero como no podía desautorizar a la inglesa, confirmó el castigo de dejar a Gricha sin dulce, cosa que empañó un poco la alegría general.
Gricha lloraba afirmando que también Nicoleñka había silbado, y que si él lloraba no era porque le hubieran dejado sin dulce, lo cual le daba lo mismo, sino porque le disgustaba que se hubiese sido injusto con él.