Ana Karenina

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Capítulo 8

 

Cuando el profesor se hubo ido, Sergio dijo a su hermano: –Celebro que hayas venido. ¿Por mucho tiempo? ¿Y cómo van las tierras?

Levin sabía que a su hermano le interesaban poco las tierras, y si le preguntaba por ellas lo hacía por condescendencia. Le contestó, pues, limitándose a hablarle de la venta del trigo y del dinero cobrado.

Habría querido hablar a su hermano de sus proyectos de matrimonio, pedirle consejo. Pero, escuchando su conversación con el profesor y oyendo luego el tono de protección con que le preguntaba por las tierras (las propiedades de su madre las poseían los dos hermanos en común, aunque era Levin quien las administraba), tuvo la sensación de que no habría ya de explicarse bien, de que no podía empezar a hablar a su hermano de su decisión, y de que éste no habría de ver seguramente las cosas como él deseaba que las viera.

–Bueno, ¿y qué dices del zemstvo? –preguntó Sergio, que daba mucha importancia a aquella institución.

–A decir verdad, no lo sé.

–¿Cómo? ¿No perteneces a él?

–No. He presentado la dimisión –contestó Levin– y no asisto a las reuniones.

–¡Es lástima! –dijo Sergio Ivanovich arrugando el entrecejo.


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