Ana Karenina
Ana Karenina –¡Dios mÃo!, ¿qué hacéis? ¡El vestido blanco nuevo! ¡Tania, Gricha, por Dios! –decÃa su madre, tratando de salvar la integridad del traje nuevo, pero sonriendo entre sus lágrimas de felicidad y alegrÃa.
Les quitaron los vestidos nuevos, ordenaron a las niñas que se pusiesen las blusitas de diario y a los niños las chaquetilla viejas y después se mandó enganchar la lineika y otra vez, con gran contrariedad del encargado, se puso en varas al caballo «Pardo» para ir a buscar setas y a bañarse después. Una explosión de gritos de entusiasmo llenó el cuarto de los niños y su ruidosa alegrÃa no se calmó hasta que partieron.
Cogieron una cesta llena de setas. Incluso Lily encontró una magnÃfica. Ordinariamente era miss Hull quien tenÃa que indicárselas a Lily, pero ahora la encontró sola, lo que fue acogido con exclamaciones de entusiasmo.
–¡Lily ha encontrado una seta!
Luego se encaminaron al rÃo, dejaron los caballos bajo los álamos y se dirigieron a la caseta de baño.
Una vez atado al árbol el caballo, que se resistÃa, el cochero Terenty se tendió en la hierba, después de mullirla, a la sombra de un abedul, y comenzó a fumarse su tosco cigarrillo mientras oÃa los alegres gritos que los niños lanzaban en la caseta.