Ana Karenina
Ana Karenina –Es muy agradable; siempre he simpatizado con ella –decÃa Ana.
–Hace usted bien en apreciarla, Lisa también la quiere mucho a usted. Ayer se me acercó después de las carreras, desesperada porque no pudo verla. Dice que es usted una verdadera heroÃna de novela y que si ella fuera hombre habrÃa cometido mil locuras por usted. Stremov le contesta siempre que ya las comete sin necesidad de serlo.
–DÃgame, se lo ruego, porque no lo he comprendido nunca… –insinuó Ana, tras un corto silencio, con acento que indicaba claramente que lo que preguntaba era más importante para ella de lo que parecÃa–. DÃgame, se lo ruego: ¿qué clase de relaciones hay entre Lisa y el prÃncipe Kaluchsky? Ese a quien llaman Michka… ¡Apenas les he visto nunca juntos! ¿Qué hay entre ellos?
Betsy, sonriendo con los ojos, miró atentamente a Ana.
–Es un nuevo estilo –dijo–. Todas lo han adoptado… Se han liado la manta a la cabeza. Ahora, que hay muchos modos de liársela…
–SÃ, ya; pero ¿qué relaciones mantiene con el prÃncipe Kaluchsky`?
Betsy, súbitamente, rompió a reÃr con jovialidad y sin contenerse, lo que le acontecÃa muy contadas veces.