Ana Karenina
Ana Karenina Sin embargo, cuando llegó él no fue a recibirla. Le dijeron que estaba ocupado con el jefe del despacho. Ana ordenó que le avisasen de su regreso, pasó a su gabinete y comenzó a arreglar sus cosas, esperando que él fuese a verla.
Transcurrió una hora sin que Karenin apareciese. Ana salió al comedor, con el pretexto de dar órdenes, y habló en voz alta con intención, esperando que su marido acudiese. Pero él no fue, a pesar de que Ana le oía acercarse a la puerta de su despacho acompañado de su jefe de oficina.
Sabía que su esposo había de salir en seguida por asuntos del servicio y quería hablarle antes de que se fuera para concretar sus relaciones.
Cruzó, pues, la sala y se dirigió con decisión a su gabinete. Cuando entró, Alexey Alejandrovich, de medio uniforme y al parecer ya pronto a salir, estaba sentado a una mesita sobre la que tenía apoyados los codos y miraba ante sí con tristeza. Ana le vio antes que él la viera y comprendió que era en ella en quien pensaba.
Al verla, él, inició un movimiento para levantarse, cambió de decisión, su rostro se sonrojó, lo que nunca viera antes Ana, y al fin, incorporándose precipitadamente, se dirigió a su encuentro, mirándola no a los ojos, sino más arriba, a la frente y al cabello.