Ana Karenina
Ana Karenina Esto cortó las alas a Karenin. Pero, a despecho de su vacilante salud y de sus disgustos domésticos, no se daba por vencido. En la Comisión surgieron divisiones. Varios de sus miembros, con Stremov a la cabeza, se disculpaban de su error alegando haber creÃdo en la Comisión que, dirigida por Karenin, habÃa presentado el informe. Y sostenÃan que aquel informe no tenÃa ningún valor, que eran sólo deseos de malgastar papel inútilmente. Alexey Alejandrovich y otros que consideraban peligroso aquel punto de vista revolucionario en la manera de considerar los documentos oficiales, continuaban sosteniendo los datos aportados por la comisión inspectora.
Asà que en los altos ambientes y hasta en la sociedad se produjo una gran confusión, y, aunque todos se interesaban mucho en el problema, nadie sabÃa a punto fijo si los autóctonos padecÃan o si vivÃan bien.
En consecuencia de esto y del desprecio que cayó sobre él por la infidelidad de su mujer, la posición de Alexey Alejandrovich volvió a ser muy insegura.
Entonces Karenin tuvo el valor de adoptar una resolución importantÃsima. Con sorpresa enorme de los comisionados declaró que iba a pedir permiso para ir personalmente a estudiar el asunto. Y, obteniendo, en efecto, el permiso, se trasladó a aquellas provincias lejanas.