Ana Karenina
Ana Karenina La minuta de hoy le satisfacía en gran manera: peces asados vivos, espárragos y la pièce de résistance : un magnífico pero sencillo rosbif, y los correspondientes vinos.
Entre los invitados figurarían Kitty y Levin, y, para disimular la coincidencia, otra prima y el joven Scherbazky. La piéce de résistance de los invitados serían Sergio Kosnichev y Alexey Alejandrovich, el primero moscovita y filósofo, el segundo petersburgués y práctico.
Se proponía, además, invitar al conocido y original Peszov, hombre muy entusiasta, liberal, orador, músico, historiador y, al mismo tiempo, un chiquillo, a pesar de sus cincuenta años, el cual serviría como de salsa a ornamento de Kosnichev y Karenin. «Ya se encargaría él», pensaba Oblonsky, «de hacerles discutir entre sí».
El dinero pagado como segundo plazo por el comprador del bosque se había recibido ya y no se había gastado aún. Dolly se mostraba últimamente muy amable y buena, y la idea de esta comida alegraba a Esteban Arkadievich en todos los sentidos.