Ana Karenina
Ana Karenina –Como rara excepción, puede admitirse la posibilidad de que las mujeres ocupen tales puestos, pero creo que usted ha dado a la expresión un sentido demasiado amplio al decir «derechos». Más justo serÃa decir «obligaciones». Todos estarán de acuerdo conmigo en que cuando somos jurados, vocales o telegrafistas, creemos estar cumpliendo una obligación. Por eso es más justo decir que las mujeres tratan de cumplir deberes, y tienen razón. En ese sentido, hay que simpatizar con su deseo de ayudar al hombre en su trabajo.
–Me parece muy justo –confirmó Alexey Alejandrovich–. La cuestión consiste, en mi opinión, en saber si serán capaces de cumplir con esos deberes.
–Estoy seguro de que serán muy capaces de hacerlo cuando la instrucción se extienda entre ellas, como ya lo vemos –opinó Oblonsky.
–¿Y la sentencia? –medió el anciano PrÃncipe, que hacÃa tiempo escuchaba, mirando con sus ojos pequeños y brillantes, llenos de ironÃa, No me importa repetirla en presencia de mis hijas: «La mujer es un animal de cabellos largos y de… ».
–Algo por el estilo se decÃa de los negros antes de emanciparlos –alegó, malhumorado, Peszov.
–Por mi parte encuentro muy extraño que las mujeres busquen nuevas obligaciones –manifestó Sergio Ivanovich–, mientras vemos que, por desgracia, los hombres huyen de ellas.