Ana Karenina
Ana Karenina
Antes de que Betsy saliera de casa de los Karenin, se halló con Esteban Arkadievich, que acababa de llegar de casa Eliseev , donde aquel dÃa habÃan recibido ostras frescas.
–¡Qué encuentro tan agradable, Princesa! –exclamó Oblonsky–. Yo vengo aquà de visita…
–Un encuentro de un momento –dijo Betsy, sonriendo y poniéndose los guantes– porque tengo que irme en seguida.
–Espere, Princesa. Antes de ponerse los guantes déjeme besar su linda mano. Nada me agrada más en la vuelta actual a las costumbres antiguas que esta de besar la mano de las damas –y se la besó–. ¿Cuándo nos veremos?
–No se lo merece usted –contestó ella sonriendo.
–Sà me lo merezco, porque me he vuelto un hombre formal; no sólo arreglo mis asuntos personales de familia, sino los ajenos también –dijo él con intencionada expresión en su semblante.
–Me alegro mucho –repuso Betsy, comprendiendo que hablaba de Ana.
Y, volviendo a la sala, se pararon en un rincón.
–La va a matar –dijo Betsy, en un significativo cuchicheo–. Esto es imposible, imposible…
