Cuentos populares
Cuentos populares «¿Qué es eso?», pensé, mientras me dirigía por el camino resbaladizo en dirección a aquellos sones. Cuando hube recorrido unos cien pasos, vislumbré a través de la niebla muchas siluetas negras. Debían de ser soldados. «Probablemente, están haciendo la instrucción», me dije, acercándome a ellos en pos de un herrero con pelliza y delantal mugrientos, que llevaba algo en la mano. Los soldados, con sus uniformes negros, formaban dos filas, una frente a la otra, con los fusiles en descanso. Tras de ellos, el tambor y la flauta repetían sin cesar una melodía desagradable y chillona.
—¿Qué hacen? —pregunté al herrero que estaba junto a mí.
—Están castigando a un tártaro, por desertor —me contestó, con expresión de enojo, mientras fijaba la vista en un extremo de la filas.