Cuentos populares
Cuentos populares Llegados a la orilla del río, en donde debía pacer la yeguada, Néstor bajó del caballo y le quitó la montura.
El ganado se fue dispersando poco a poco por el prado cubierto de rocío y de niebla que se elevaba con lentitud a medida que el sol brillaba con una mayor intensidad.
Después de quitarle la brida. Néstor rascó al viejo pío en el cuello, y el caballo cerró los ojos en señal de gratitud.
—Así me gusta, perro viejo —dijo Néstor.
Pero al caballo no le producía satisfacción alguna aquel halago, y únicamente por cortesía se mostraba encantado y bajó de nuevo la cabeza en señal de asentimiento.
Pero de pronto, y sin motivo, a no ser que Néstor creyese que el caballo tomaba como muestra de familiaridad aquella caricia, el guardián rechazó violentamente la cabeza del cuadrúpedo y le dio un latigazo con las riendas, tras lo cual fue a sentarse al pie del tronco de un árbol, donde acostumbraba a pasar el día.
Aquella brutalidad entristeció al caballo, pero no lo demostró, y se dirigió hacia el río mordisqueando la hierba y meneando la cola.