Cuentos populares

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—No, no fue un duelo, sino un incidente terrible y estúpido. Se lo contaré todo, ya que no lo sabe. Sucedió el mismo año que nos conocimos en casa de mi hermana; entonces yo residía en San Petersburgo. Debo decirle que en aquella época disfrutaba de lo que se suele llamar une position dans le monde (una posición social), y si no era brillante, al menos, bastante ventajosa. Mon père me donnait dix mille roubles par an (mi padre me daba diez mil rublos anuales). En el año 49 me ofrecieron un puesto en nuestra embajada en Turín; un tío mío por línea de mi madre podía hacer mucho por mí y siempre estaba dispuesto a ello. Ahora puedo decirlo, puesto que se trata del pasado. J’étais reçu dans la meilleure société de Petersbourg, je pouvais prétendre (era recibido en la mejor sociedad de San Petersburgo y podía aspirar) al mejor partido. Estudié como se estudia en nuestros colegios, de manera que no tenía una cultura especial; cierto es que después leí mucho; mais j’avais surtout ce jargon du monde (pero empleaba, sobre todo, la jerga de la gente elegante) ¿sabe? Pero, sea como fuere, me consideraban, no sé por qué, como a uno de los primeros jóvenes de San Petersburgo. Lo que me elevó aún más en esta opinión general fue cette liaison avec Mme D***, de la que se hablaba mucho en San Petersburgo; más yo era muy joven en aquella época y no apreciaba estas ventajas. Sencillamente, era joven y tonto: ¿qué más quiere usted? Por aquel entonces, Metenin era célebre en San Petersburgo… —y Guskov continuó relatándome de este modo la historia de su desdicha, que omitiré, por no ofrecer ningún interés—. Durante dos meses estuve detenido, completamente solo. ¡Qué no habré pensado en aquellos días! —prosiguió Guskov—. Cuando acabó todo esto, me pareció que el vínculo con el pasado estaba definitivamente roto y me sentí aliviado. Mon père… vous en avez entendu parler (mi padre, ya habrá usted oído hablar de él…), seguramente es un hombre de carácter de hierro y firmes convicciones, el m’a déshérité (me ha desheredado) y ha roto por completo las relaciones conmigo. Según sus ideas, era eso lo que debía hacer y yo no lo culpo: il a été conséquent (ha sido consecuente). Por otra parte, tampoco he dado ningún paso para hacerle cambiar de decisión. Mi hermana se hallaba en el extranjero; la única que me escribió cuando lo autorización fue Mme D***, ofreciéndome ayuda; pero, como comprenderá, me negué a aceptarla. Así es que no disfruté de esas pequeñas cosas que suelen aliviar una situación así; no tenía libros, ropa ni alimentos. Durante esa época, medité mucho y empecé a considerar las cosas desde otro punto de vista; por ejemplo, el bullicio y lo que se hablaba de mí en San Petersburgo no me interesaba ni me halagaba a en absoluto; todo eso me parecía ridículo. Me daba cuenta de que yo mismo tenía la culpa, que era joven e imprudente, que había echado a perder mi carrera y sólo pensaba en la manera de rehabilitarme. Comprendía que no me faltaban fuerzas ni energía para hacerlo. Después de mi arresto, como ya le dije, me mandaron aquí, al Cáucaso, al regimiento de N***. Yo pensaba —continuó animándose cada vez más— que aquí empezaría una nueva vida, que la vie de camp, las gentes sencillas y honradas con las que iba a tratar, la guerra y los peligros, todo esto vendría bien para mi estado de espíritu. On me verra au feu (se me verá en el fuego), me querrán, me respetarán no sólo por mi nombre… Me concederán una cruz, me harán suboficial, me quitarán el castigo y volveré a San Petersburgo et, vous savez, avec ce prestige du malheur? (y, ya sabe, con el prestigio de la desventura). Pero ¡quel désenchantement! (qué desengaño). No puede usted hacerse idea de cómo me equivoqué… ¿conoce a los oficiales de nuestro regimiento?


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