Cuentos populares
Cuentos populares —Los oficiales del regimiento de N*** son mil veces peores que los de aquí —continuó Guskov—. J’espère que c’est beaucoup dire (creo que es bastante decir), ¡no se puede usted imaginar cómo son! No hablo de los junkers ni de los soldados. ¡Son de horror! Al principio me acogieron bien, ésta es la pura verdad; pero luego, cuando se dieron cuenta de que yo no podía por menos de despreciarlos, cuando vieron por esas minucias imperceptibles del trato que soy un hombre distinto, mucho más elevado que ellos, se irritaron contra mí y se vengaron por medio de una infinidad de pequeñas humillaciones. Ce que j’ai eu à souffrir, vous ne vous faites pa une idèe (no puede usted imaginarse lo que he tenido que soportar). Luego, esas relaciones que no tuve más remedio que sostener con los junkers y, sobre todo, avec les petits mohines que j’avais, jemanquais de tout (sobre todo con mis escasos medios, ya que carecía de todo); sólo disponía de lo que mandaba mi hermana. Para que se haga usted una idea de lo que he sufrido, le diré que, con mi carácter, avec ma fierté, j’ai écrit à mon père (a pesar de mi orgullo, escribí a mi padre) suplicándole que, al menos me mandara algo. Comprendo que después de llevar durante cinco años una vida así, puede uno volverse como el degradado Dromov que bebe en compañía de los soldados y no hace más que mandar notitas a los oficiales, rogándoles que le socorran con tres rublos y firmando «tout à vous, Dromov». Era preciso tener un carácter como el mío para no haberse hundido por completo.