Cuentos populares

Cuentos populares

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Su mujer estaba preocupadísima y no sabía ni qué pensar. Sus hijos eran de corta edad, y el más pequeño, de pecho. Se dirigió con todos ellos a la ciudad en que Aksenov se hallaba detenido. Al principio, no le permitieron verlo; pero, tras muchas súplicas, los jefes de la prisión lo llevaron a su presencia. Al verlo vestido de presidiario y encadenado, la pobre mujer se desplomó y tardó mucho en recobrarse. Después, con los niños en torno suyo, se sentó junto a él, lo puso al tanto de los pormenores de la casa y le hizo algunas preguntas. Aksenov relató a su vez, con todo detalle, lo que le había ocurrido.

—¿Qué pasará ahora? —preguntó la mujer.

—Hay que pedir clemencia al zar. No es posible que perezca un hombre inocente.

La mujer le explicó que había hecho una instancia; pero que no había llegado a manos del zar.

—No en vano soñé que se te había vuelto el pelo blanco, ¿te acuerdas? Has encanecido de verdad. No debiste hacer ese viaje —exclamó ella; y, luego, acariciando la cabeza de su marido, añadió—: Mi querido Vania, dime la verdad, ¿fuiste tú?

—¿Eres capaz de pensar que he sido yo? —exclamó Aksenov; y, cubriéndose la cara con las manos, rompió a llorar.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker