Cuentos populares
Cuentos populares —Sin duda ha sido aquel entre cuyas cosas encontraron el cuchillo —replicó Makar Semionovich, echándose a reÃr—. Incluso si alguien lo metió allÃ. Cómo no lo han cogido, no le consideran culpable.
¿Cómo iban a esconder el cuchillo en tu saco si lo tenÃas debajo de la cabeza? Lo habrÃas notado.
Cuando Aksenov oyó esto, pensó que aquel hombre era el criminal. Se puso en pie y se alejó. Aquella noche no pudo dormir. Le invadió una gran tristeza. Se representó a su mujer, tal como era cuando le acompañó, por última vez, a una feria. La veÃa como si estuviese ante él; veÃa su cara y sus ojos y oÃa sus palabras y su risa. Después se imaginó a sus hijos como eran entonces, pequeños aún, uno vestido con una chaqueta y el otro junto al pecho de su madre. Recordó los tiempos en que fuera joven y alegre; y el dÃa en que hablaba sentado en el porche de la posada, tocando la guitarra, y vinieron a detenerle. Recordó cómo le azotaron y le pareció volver a ver al verdugo, a la gente que estaba alrededor, a los presos… Se le representó toda su vida durante aquellos veintiséis años hasta llegar a viejo. Fue tal su desesperación, al pensar en todo esto, que estuvo a punto de poner fin a su vida.
«Todo lo que me ha ocurrido ha sido por este malhechor», pensó.