Cuentos populares
Cuentos populares —Me casé como nos casamos todos. Si los jóvenes que ansÃan pasar la luna de miel supiesen las desilusiones que les esperan… porque no hay más que desilusiones en todas partes; y todos —en verdad que ignoro por qué— se creen obligados a ocultarlo. Paseaba un dÃa por una feria de ParÃs y entré en un barracón en el que enseñaban una foca y una mujer con barbas. La mujer era un hombre con traje descotado, y la foca ni más ni menos que un perro, cubierto, es verdad, con una piel de foca y que nadaba en una gran tina; el espectáculo tenÃa más bien poco atractivo. Cuando salà del barracón, el dueño me señaló al público diciendo: «Preguntadle a este señor si vale la pena pasar; ¡adelante, señoras y caballeros! ¡No cuesta más que un franco la entrada!». Me costaba gran trabajo, no podrÃa decir por qué, contradecir a aquel hombre y contó con mi asentimiento. Lo mismo les sucede a los que por propia experiencia conocen el hastÃo de la luna de miel: que no quieren destruir las ilusiones de los demás.