Cuentos populares
Cuentos populares —Leva, ¿por qué me he vuelto de porcelana?
No supe qué contestar, y ella repitió:
—¿Cambiará algo entre nosotros el que yo sea de porcelana?
No quise apenarla y respondà que no. Volvà a tocarla en la oscuridad; estaba quieta como antes, frÃa y de porcelana. Su estómago seguÃa siendo el mismo que en vida, sobresalÃa un poco, hecho poco natural para una muñeca de porcelana. Entonces experimenté un extraño sentimiento. Me pareció agradable que hubiese adquirido aquel estado y ya no me sentà sorprendido. Ahora todo resultaba natural. La levanté, me la pasé de una mano a la otra para abrigarla bajo mi cabeza. Le gustó. Nos dormimos. Por la mañana me levanté y salà sin mirarla. Todo lo sucedido el dÃa anterior me parecÃa demasiado terrible. Cuando regresé a la hora de comer, habÃa recuperado su estado normal, pero no le recordé su transformación, temiendo apenarlas a ella y a la tÃa. Sólo te lo he contado a ti. Creà que todo habÃa pasado, pero cada dÃa, al quedarnos solos, ocurre lo mismo. De pronto se convierte en un minúsculo ser de porcelana. En presencia de los demás continúa igual que antes. No se siente abatida por ello, ni tampoco yo. Por extraño que pueda parecerte, confieso con franqueza que me alegro, y aun pese a su condición de porcelana, somos muy felices.