Cuentos populares
Cuentos populares —Oh, hablaban muy poco, aun entre ellos. Les bastaba una mirada para entenderse. Le pregunté al más anciano si hacÃa mucho tiempo que vivÃan allà y él no sé qué me respondió con tono de fastidio. Pero el más pequeño lo tomó de la mano, sonriendo, y el alto enmudeció.
«El viejecito dijo solamente»: Haznos el favor…
«Y sonrió».
Mientras hablaba el campesino, el barco se habÃa acercado a un grupo de islas.
—Ahora se divisa perfectamente el islote —observó el comerciante—. Mire usted, IlustrÃsima —añadió, extendiendo el brazo.
El arzobispo vio una faja gris. Era el islote. Permaneció inmóvil un largo rato, y después, pasando de proa a popa, dijo al piloto: —¿Qué islote es aquél?
—Uno de tantos. No tiene nombre.
—¿Es cierto que allà trabajan los staretzi por la salvación de su alma?
—Eso dicen, mas no sé si es cierto. Los pescadores aseguran haberlos visto. Pero a veces se habla por hablar.
—Me gustarÃa desembarcar en el islote para ver a los staretzi —dijo el arzobispo—. ¿Es posible?