Cuentos populares
Cuentos populares Pero nadie hizo caso de la viejecita y poco faltó para que la derribaran. Nada hubiera podido conseguir, a no ser por Akulina y Melania. Mientras las mujeres se peleaban, Akulina habÃa limpiado las manchas del vestido y habÃa salido de nuevo hacia la charca. Tomó una piedra y con ella apartó la tierra para que el agua corriera por la calle. Melania se acercó a ayudarla con una astillita. AsÃ, el agua llegó al sitio en que la andana trataba de separar a los contendientes. Las niñas venÃan corriendo a ambos lados del arroyo:
—¡Alcánzala! ¡Melania, alcánzala! —gritaba Akulina. La pequeña no podÃa replicar, ahogada por la risa. Y las dos niñas siguieron corriendo, divertidas con la astillita que el agua arrastraba. Llegaron junto a los campesinos. Al verlas, la vieja exclamó, dirigiéndose a éstos:
—¡Teman a Dios! Están peleando precisamente por causa de estas dos niñas, cuando ellas se han olvidado de todo hace rato y juegan en amor y compañÃa. Son más inteligentes que todos ustedes.
Los hombres miraron a las niñas y se avergonzaron de su proceder. Luego, se burlaron de sà mismos y cada cual se volvió a su casa.
«Si no sois como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos».