Cuentos populares
Cuentos populares Al principio, en el ajetreo de la mudanza y la construcción, Pahom se sentÃa complacido, pero cuando se habituó comenzó a pensar que tampoco aquà estaba satisfecho. QuerÃa sembrar más trigo, pero no tenÃa tierras suficientes para ello, asà que arrendó más tierras por tres años. Fueron buenas temporadas y hubo buenas cosechas, asà que Pahom ahorró dinero. PodrÃa haber seguido viviendo cómodamente, pero se cansó de arrendar tierras ajenas todos los años, y de sufrir privaciones para ahorrar el dinero.
«Si todas estas tierras fueran mÃas —pensó—, serÃa independiente, y no sufrirÃa estas incomodidades».
Un dÃa un vendedor de bienes raÃces que pasaba le comentó que acababa de regresar de la lejana tierra de los bashkirs, donde habÃa comprado seiscientas hectáreas por sólo mil rubios.
—Sólo debes hacerte amigo de los jefes —dijo— Yo regalé como cien rubios en vestidos y alfombras, además de una caja de té, y di vino a quienes lo bebÃan, y obtuve la tierra por una bicoca.
«Vaya —pensó Pahom—, allá puedo tener diez veces más tierras de las que poseo. Debo probar suerte».