Cuentos populares
Cuentos populares «Hay tierras en abundancia —pensó—, ¿pero me dejará Dios vivir en ellas? ¡He perdido la vida, he perdido la vida! ¡Nunca llegaré a ese lugar!».
Pahom miró el sol, que ya desaparecÃa, ya era devorado. Con el resto de sus fuerzas apuró el paso, encorvando el cuerpo de tal modo que sus piernas apenas podÃan sostenerlo. Cuando llegó a la loma, de pronto oscureció. Miró el cielo. ¡El sol se habÃa puesto! Pahom dio un alarido.
«Todo mi esfuerzo ha sido en vano», pensó, y ya iba a detenerse, pero oyó que los bashkirs aún gritaban, y recordó que aunque para él, desde abajo, parecÃa que el sol se habÃa puesto, desde la loma aún podÃan verlo. Aspiró una buena bocanada de aire y corrió cuesta arriba. Allà aún habÃa luz. Llegó a la cima y vio la gorra. Delante de ella el jefe se reÃa a carcajadas. Pahom soltó un grito. Se le aflojaron las piernas, cayó de bruces y tomó la gorra con las manos.
—¡Vaya, qué sujeto tan admirable! —exclamó el jefe—. ¡Ha ganado muchas tierras!
El criado de Pahom se acercó corriendo y trató de levantarlo, pero vio que le salÃa sangre de la boca. ¡Pahom estaba muerto!
Los pakshirs chasquearon la lengua para demostrar su piedad.