Cuentos populares
Cuentos populares En su alma reinaban dos sentimientos, ambos atormentadores: el miedo por su persona, por su propia vida; y la ira contra aquellos dos hombres salvajes que lo ahogaban. No obstante, el objetivo que tuviera desde el principio, llegar a las casetas para recibir una bolsita con los regalos y el billete de lotería, seguía atrayéndolo.
Ya se veían las casetas; se veían los hombres que repartían los regalos; se distinguían los gritos de los que habían llegado hasta allí, así como el crujir de las tablas sobre las que se reunía la multitud.
Emilian seguía luchando. Ya no le quedaban sino unos veinte pasos, cuando, de pronto, oyó bajo sus pies o, mejor dicho, entre ellos, el llanto y los gritos de un niño. Al bajar la vista, vio a un chiquillo, con la camisita rota, que yacía boca arriba. Se agarraba a los pies de Emilian, balbuciendo algo. Instantáneamente, algo vibró en el corazón de éste. Cesó el miedo que había sentido por su persona. Cesó también la ira hacia sus semejantes. Tuvo lástima del niño. Se agachó y le pasó la mano por debajo de la cintura; pero los de atrás se le echaron encima, con tal fuerza, que estuvo a punto de caer y soltó al chiquillo. Sin embargo, haciendo de nuevo un gran esfuerzo, cogió a la criatura y se la echó al hombro. Los de atrás dejaron de empujar por un momento; y Emilian pudo seguir hacia adelante, con el niño a cuestas.