Cuentos populares
Cuentos populares Pero, en aquel momento, sucedió algo incomprensible e inesperado. Un mismo sentimiento invadió a todos los que momentos antes se mostraron crueles, despiadados y llenos de odio.
—¿Sabéis lo que os digo? Debíais soltarlo —propuso una mujer.
—Es verdad. Es verdad —asintió alguien.
—¡Soltadlo! ¡Soltadlo! —rugió la multitud.
Entonces, el hombre orgulloso y despiadado que aborreciera a la muchedumbre hacía un instante, se echó a llorar; y, cubriéndose el rostro con las manos, pasó entre la gente, sin que nadie lo detuviera.