Cuentos populares
Cuentos populares —¿Qué es lo que tienes? —Le preguntaba—. Pues nada, estoy igual que todos los dÃas —me respondÃa, y sin embargo se ponÃa arrebatada como una loca, empezaba a decir despropósitos sin fundamento. Algunas veces daba pruebas de una paciencia extraordinaria; otras, estallaba la tempestad y arrastraba a cada cual por su lado. Aquello era una lluvia de ultrajes, y recibÃa en pleno rostro la acusación del pretendido crimen. Se desbordaba y después venÃan las lágrimas, los sollozos, o se marchaba corriendo para ocultarse en lugares tan inverosÃmiles que no era posible sospechar que hubiese ido a buscar refugio en ellos. Allà costaba gran trabajo encontrarla. Avergonzado, me ponÃa a buscarla en presencia de hijos y criados. ¡HabÃa que hacerlo, porque la creÃa capaz de todo! La seguÃamos, la encontrábamos, ¡y qué noches más terribles después! No se oÃan más que palabras amargas, acusaciones penosas, y sólo después de algunos ataques de nervios, recobrábamos la calma. SÃ, esos celos injustificados eran la plaga de nuestra vida conyugal, y confieso que me hicieron sufrir de una manera horrorosa mientras duraron.