Cuentos populares
Cuentos populares —Celebro mucho que hayas venido, porque nosotros solos no podemos decidir qué tocar el domingo —me dijo en un tono que no era el natural ni el que usaba en nuestras conversaciones a solas.
Ese tono y ese «nosotros» me indignaron. Le saludé con mucha frialdad y me estrechó la mano de una manera que me pareció burlona, y en seguida me explicó que habÃa llevado unas cuantas piezas de música a fin de ensayar para el domingo, pero que no estaban de acuerdo en la elección: ¿escogerÃan una sonata de Beethoven, alguna obra clásica y un tanto difÃcil o bien alguna otra cosa de una ejecución mucho más fácil? Y al decir esto, la consultó con la mirada. Todo esto era tan natural que no pude en realidad incomodarme. Lo veÃa, lo comprendÃ; sin embargo, aquello no era más que hipocresÃa, y estaban de acuerdo en la manera de engañarme.