Cuentos populares
Cuentos populares —¡Ama, ama! ¡Que me ha matado! —gritó irguiéndose, y la nodriza, que habÃa oÃdo el ruido, se presentó en seguida.
Yo estaba en pie, aguardando y como quien no quiere creer en lo que le ha sucedido. En aquel momento saltó un chorro de sangre por debajo del corsé, y comprendà que el mal ya no tenÃa remedio. Aunque hubiese deseado lo contrario, ¿de qué habrÃa servido? Me quedé inmóvil hasta que cayó. La nodriza se acercó apresuradamente, gritando:
—¡Dios mÃo!