Cuentos populares
Cuentos populares Iván cogió un puñado de oro y lo tiró a las muchachas.
—¡Pero, padrecito…!
Y admiradas, se tiraron al suelo para recogerlo.
Los mujiks también acudieron, y se quitaban unos a otros las monedas de oro. Una pobre anciana corrió peligró de morir aplastada. Iván se reÃa.
—¡Oh, pequeños imbéciles! ¿Por qué hacéis daño a una babuchka[8]? ¡Tened más cuidado! Os daré cuanto queráis.
Y volvió a echarles puñados de oro. TenÃa en torno suyo a una gran muchedumbre. Iván habÃa vaciado la criba, y aun le pedÃan más. Entonces dijo:
—No; no hay más. Otro dÃa volveré a daros. Y ahora, ¡bailemos y cantemos!
Las jóvenes empezaron a cantar.
—No son bonitas vuestras canciones —les dijo—, ¿no sabéis otras?
—¿Acaso las sabéis vos mejores? —le contestaron.
—Desde luego. Vais a oÃrlas.
Y, al decir esto, se fue a la era, cogió una gavilla, y, según se lo habÃa enseñado el diablillo, sacudió las espigas sobre el suelo.
—¡Ea! —dijo—. «Mi esclavo manda que dejes de ser gavilla y que cada una de tus espigas se truequen en soldados».