Cuentos populares
Cuentos populares —Tengo muchas monedas como ésta —dijo.
Se fue a casa de otra mujer; ésta no tenÃa hijos. Quiso comprarle un arenque por una pieza de oro.
—No la necesito —le contestó la buena mujer—, porque no tengo hijos para que jueguen con ella. Tengo tres, que guardo por curiosidad.
Fue entonces a casa de un mujik para comprar pan, y también el mujik rehusó el dinero.
—No hace falta —dijo— ¿Quieres algo, quizá, por amor de Dios? Aguarda y le diré a mi esposa que te dé un trozo…
El diablo escupió y salió de allà más que aprisa, antes que el mujik terminase su ofrecimiento caritativo. Para el diablo, oÃr que le ofrecÃan algo en nombre de Cristo, era lo peor de lo peor.
Por esta razón no encontró pan, pues por donde quiera que iba, se negaban a darle nada por su dinero y todos le decÃan:
—Ofrécenos otra cosa, o trabaja. PÃdelo, en todo caso, por amor de Dios.
Y él diablo no podÃa ofrecer nada más que dinero. Trabajar no querÃa y aceptar la caridad por amor de Cristo, le era imposible.
Y se enfadó el diablo.
—¿Para qué necesitáis otra cosa —les dijo—, si os ofrezco oro? Con el oro compraréis cuanto queráis, y haréis trabajar al que se os antoje.