Cuentos populares
Cuentos populares Iván Ilich habĂa sido colega de los señores allĂ reunidos y muy apreciado de ellos. HabĂa estado enfermo durante algunas semanas y de una enfermedad que se decĂa incurable. Se le habĂa reservado el cargo, pero se conjeturaba que, en caso de que falleciera, se nombrarĂa a Alekseyev para ocupar la vacante, y que el puesto de Alekseyev pasarĂa a Vinnikov o a Shtabel. AsĂ pues, al recibir la noticia de la muerte de Iván Ilich lo primero en que pensaron los señores reunidos en el despacho fue en lo que esa muerte podrĂa acarrear en cuanto a cambios o ascensos entre ellos o sus conocidos.
«Ahora, de seguro, obtendrĂ© el puesto de Shtabel o de Vinnikov —se decĂa Fyodor Vasilyevich—. Me lo tienen prometido desde hace mucho tiempo; y el ascenso me supondrá una subida de sueldo de ochocientos rublos, sin contar la bonificaciĂłn».
«Ahora es preciso solicitar que trasladen a mi cuñado de Kaluga —pensaba Pyotr Ivanovich—. Mi mujer se pondrá muy contenta. Ya no podrá decir que no hago maldita la cosa por sus parientes».
—Yo ya me figuraba que no se levantarĂa de la cama —dijo en voz alta Pyotr Ivanovich—. ¡Lástima!
—Pero, vamos a ver, ÂżquĂ© es lo que tenĂa?
—Los médicos no pudieron diagnosticar la enfermedad; mejor dicho, sà la diagnosticaron, pero cada uno de manera distinta. La última vez que lo vi pensé que estaba mejor.