Cuentos populares
Cuentos populares —Probablemente nosotros los enfermos hacemos a menudo preguntas indiscretas. Pero dÃgame: ¿esta enfermedad es, en general, peligrosa o no?…
El médico le miró severamente por encima de los lentes como para decirle: «Procesado, si no se atiene usted a las preguntas que se le hacen me veré obligado a expulsarle de la sala».
—Ya le he dicho lo que considero necesario y conveniente. Veremos qué resulta de un análisis posterior —y el médico se inclinó.
Ivan Ilich salió despacio, se sentó angustiado en su trineo y volvió a casa. Durante todo el camino no cesó de repasar mentalmente lo que habÃa dicho el médico, tratando de traducir esas palabras complicadas, oscuras y cientÃficas a un lenguaje sencillo y encontrar en ellas la respuesta a la pregunta: ¿Es grave lo que tengo? ¿Es muy grave o no lo es todavÃa? Y le parecÃa que el sentido de lo dicho por el médico era que la dolencia era muy grave. Todo lo que veÃa en las calles se le antojaba triste: tristes eran los coches de punto, tristes las casas, tristes los transeúntes, tristes las tiendas. El malestar que sentÃa, ese malestar sordo que no cesaba un momento, le parecÃa haber cobrado un nuevo y más grave significado a consecuencia de las oscuras palabras del médico. Ivan Ilich lo observaba ahora con una nueva y opresiva atención.