Cuentos populares
Cuentos populares —¿Saben ustedes? —decÃa a sus amistades—. Ivan Ilich no hace lo que hacen otras personas, o sea, atenerse rigurosamente al tratamiento que le han impuesto. Un dÃa toma sus gotas, come lo que le conviene y se acuesta a la hora debida; pero al dÃa siguiente, si yo no estoy a la mira, se olvida de tomar la medicina, come esturión —que le está prohibido y se sienta a jugar a las cartas hasta las tantas.
—¡Vamos, anda! ¿Yeso cuándo fue? —decÃa Ivan Ilich enfadado—. Sólo una vez, en casa de Pyotr Ivanovich.
—Y ayer en casa de Shebek. —Bueno, en todo caso el dolor no me hubiera dejado dormir.
—Di lo que quieras, pero asà no te pondrás nunca bien y seguirás fastidiándonos.
La actitud evidente de Praskovya Fyodorovna, según la manifestaba a otros y al mismo Ivan Ilich, era la de que éste tenÃa la culpa de su propia enfermedad, con la cual imponÃa una molestia más a su esposa. Él opinaba que esa actitud era involuntaria, pero no por eso era menor su aflicción.