Cuentos populares
Cuentos populares Siempre lo mismo. De pronto brilla una chispa de esperanza, luego se encrespa furioso un mar de desesperación, y siempre dolor, siempre dolor, siempre congoja y siempre lo mismo. Cuando quedaba solo y horriblemente angustiado sentÃa el deseo de llamar a alguien, pero sabÃa de antemano que delante de otros serÃa peor. «Otra dosis de morfina —y perder el conocimiento—. Le diré al médico que piense en otra cosa. Es imposible, imposible, seguir asû.
De ese modo pasaba una hora, luego otra. Pero entonces sonaba la campanilla de la puerta. Quizá sea el médico. En efecto, es el médico, fresco, animoso, rollizo, alegre, y con ese aspecto que parece decir: «¡Vaya, hombre, está usted asustado de algo, pero vamos a remediarlo sobre la marcha!». El médico sabe que ese su aspecto no sirve de nada aquÃ, pero se ha revestido de él de una vez por todas y no puede desprenderse de él, como hombre que se ha puesto el frac por la mañana para hacer visitas.
El médico se lava las manos vigorosamente y con aire tranquilizante.
—¡Huy, qué frÃo! La helada es formidable. Deje que entre un poco en calor —dice, como si bastara sólo esperar a que se calentase un poco para arreglarlo todo—. Bueno, ¿cómo va eso?