Cuentos populares
Cuentos populares Pero decidir el asunto en su fuero interno era una cosa y ejecutarlo era otra. Acercarse él mismo a una mujer resultaba imposible. ¿A cuál? ¿Dónde? TenÃa que buscar un intermediario, pero ¿a quién recurrir?
En una ocasión llegó a beber agua en la casa de su guara forestal. Éste era un antiguo ojeador de su padre. Evgueni Irténev trabó conversación con él y el guarda le contó viejas historias de juergas corridas en las cacerÃas. A Evgueni Irténev se le ocurrió que resultarÃa bien organizar el asunto allÃ, en la casa del guarda o en el bosque. Lo único que no sabÃa era cómo hacerlo y si el viejo Danila lo aceptarÃa. «Se puede escandalizar, y yo quedarÃa cubierto de vergüenza, pero es muy posible que acepte». Asà pensaba, escuchando lo que Danila le contaba. Éste le habó de cómo se encontraban en un campo alejado, de la mujer del diácono, y de cómo él la habÃa llevado a Priánichnikov.
«Se lo puedo decir», pensó Evgueni.
Su padre, que en gloria esté, no hacÃa esas estupideces.
«No, no es posible», pensó Evgueni, mas, para tantear el terreno, dijo:
¿Y cómo te ocupabas tú de unos asuntos tan feos?