Cuentos populares
Cuentos populares Pero ella poseía lo que constituye el principal encanto del trato con la mujer amada: el amor le hacía ver lo que dentro del alma e su marido había. Intuía (a menudo mejor que él mismo) cualquier estado de su alma, cualquier matiz de sus sentimientos desagradables y obraba en consonancia con ello; es decir, nunca lo ofendía, siempre moderaba sus sentimientos desagradables y procuraba dar más fuerza a los alegres. Y no se trataba sólo de los sentimientos: también comprendía sus ideas. Comprendía al momento las cuestiones más ajenas a ella de la agricultura, de la fábrica, de la opinión de una u otra persona, y no sólo podía mantener conversaciones sobre estos temas, sino que a menudo, como él mismo decía, le daba útiles consejos. Las cosas, las personas y todo en el mundo lo miraba sólo con los ojos de su marido. Quería a su madre, pero al ver que Evgueni le resultaba desagradable la intervención de la suegra en su vida, desde el primer momento se puso al lado de su marido, y con tal energía, que él debió moderarla en sus ímpetus.