Cuentos populares
Cuentos populares Los débiles y flacos miembros del músico comenzaron a agitarse con violencia, y, guiñando el ojo con una sonrisa, púsose a saltar locamente por la sala. En medio del baile, un oficial muy alegre y que bailaba bastante bien, chocó por casualidad con el músico. Sus febles y cansadas piernas perdieron el aplomo, y el músico dio un traspié y cayó cuán largo era. A pesar del ruido seco que produjo su caÃda, a la primera impresión todos se echaron a reÃr. Al ver que el músico no se levantaba, calláronse los que reÃan, paróse el piano y Delessov fue el primero que se acercó al músico apresuradamente, con la señora de la casa. Estaba el caÃdo apoyado en un codo y miraba al suelo sin expresión ninguna. Cuando le hubieron levantado y le sentaron en una silla, con un movimiento rápido apartóse los cabellos que tenÃa en la frente, sonriendo, sin contestar a las preguntas que le hacÃan.
—¡Señor Alberto! ¡Señor Alberto! —decÃa la señora de la casa—. ¿Os habéis hecho daño? ¿Dónde? ¡Bien os decÃa yo que no bailarais!… Está tan débil —continuó dirigiéndose a los invitados—. Si casi no puede andar, ¡cómo quiere bailar!
—¿Quién es? —preguntaron a la señora.
—Un pobre hombre, un artista, un buen muchacho, pero un desdichado, como podéis ver…