Cuentos populares
Cuentos populares »Y dicho esto, montó en el trineo y dio al cochero la dirección de la casa de su amada. Partimos y aquél fue el último dÃa feliz de mi existencia.
»Llegamos a la casa, y… la mujer se habÃa marchado con otro, cinco horas antes. El prÃncipe lo supo por boca de la doncella.
»Saberlo y ordenar al cochero que siguiese a la fugitiva, todo fue uno. Sin darme tiempo para respirar, me lanzó a toda velocidad. Por primera vez en mi vida sentà en mi cuerpo la impresión del látigo y di un paso en falso. Traté de detenerme, pero mi amo gritó: ¡Rápido, rápido!, y continuamos a todo galope, hasta alcanzar a la fugitiva, a veinticinco verstas de distancia.
»Cuando llegué, no pude comer y pasé temblando toda la noche. A la mañana siguiente me llevaron al agua y desde aquel momento fui caballo perdido. Me atormentaron, que es lo que los hombres llaman cuidar. Se me fueron cayendo los cascos.
»Se me hincharon y curvaron las patas y me quedé débil y apático.