Cuentos populares
Cuentos populares Estaba, pues, de pie, inclinándose profundamente, persignándose cuando el ritual lo prescribÃa, luchando consigo mismo, entregándose al frÃo raciocinio o ahogando conscientemente en su interior sentimientos e ideas, cuando se le acercó el tesorero de su abadÃa, el padre Nikodim, otro gran motivo de escándalo para el padre Sergio, que le tachaba, a pesar suyo, de adulador servil del abad. El padre Nikodim saludó a Sergio con una profunda reverencia y le dijo que el abad le llamaba. Sergio recogió el manteo, se puso el bonete y avanzó con sumo cuidado entre la multitud que llenaba el templo.
—Lise, regardez à droite, c’est lui[14] —se oyó que decÃa una voz de mujer.
— Où, où? It n’est pas tellement beau[51]