Cuentos populares
Cuentos populares —¡Iván Nikoláievich! —exclamó.
—¿Qué manda, mi señora?
—¿Cuántos años tendrá?
—¿Quién?
—Kasatski.
—Me parece que unos cuarenta.
—¿Y recibe a todo el mundo?
—Sí, pero no siempre.
—Tápame los pies. Así no. ¡Qué poca maña se da! Todavía más, más; así. Y no tiene por qué apretarme las piernas.
Así llegaron hasta el bosque en que se encontraba la celda. Makovkina bajó y mandó alejarse a los demás. Intentaron disuadirla. Pero ella se enojó y les dijo que se fueran. Entonces los trineos se pusieron en camino, y ella, envuelta en su blanco abrigo de pieles, echó a andar por el sendero. El abogado bajó del trineo y se quedó mirándola.