Cuentos populares
Cuentos populares —No fui yo quien la dejé, sino ella la que me dejó a mi. ¡Cuando pienso en el dinero que he gastado en mi vida, me estremezco! Hoy me considero dichoso poseyendo mil rublos, y en otro tiempo… Me alegrarÃa perder de vista Moscú y todos mis antiguos amigos… Me resulta muy penoso vivir entre ellos.
El dueño de la casa se fastidiaba escuchando a Nikita. Hubiera preferido hablar de sà mismo o vanagloriarse de sus riquezas.
Nikita, por su parte, sentÃa la necesidad de hablar de él, de su pasado.
El dueño de la casa le sirvió más bebida y esperó a que acabase para hablarle de su yeguada, de sus caballos, de su MarÃa, que no lo amaba por su dinero, sino por él mismo.
—Quisiera decirte que me gustarÃa… empezó a decir, pero Nikita le interrumpió, y siguió diciendo:
—Hubo un tiempo en que yo sabÃa vivir bien y gastarme el dinero. Hablas de caballos, pues bien, dime: ¿cuál es tu caballo más veloz?
Su huésped, feliz por tener la palabra, empezó a contar una larga historia sobre su yeguada. Nikita no le dejo concluir.