Cuentos populares
Cuentos populares Se levantó al verle entrar.
—Quiero ir con papá —dijo.
—No temas —le respondió—. ¿Qué te duele?
—Me duele todo —añadió ella, y de pronto una sonrisa le iluminó el rostro.
—Te curarás —dijo él—. Reza.
—He rezado mucho y no me ha servido de nada —continuaba sonriendo—. Rece usted y ponga en mà su mano. Le he visto en sueños.
—¿Cómo me ha visto?
—He visto que usted me ponÃa la mano sobre el pecho, asà —le tomó una mano y se la apretó contra el seno—. AquÃ.
Él le cedió la mano derecha.
—¿Cómo te llamas? —le preguntó, temblando de los pies a la cabeza, sintiendo que estaba vencido y que el deseo lúbrico se habÃa escapado de su dominio.
—MarÃa. ¿Por qué?
Ella le tomó la mano y se la besó repetidamente. Luego le pasó un brazo por la cintura y lo apretó contra sÃ.
—¿Qué haces? —dijo él—. MarÃa, eres Satanás.
—Bueno, supongo que no importa.
Lo abrazó y se sentó con él en la cama.
* * *
Al amanecer él salió.