Cuentos populares
Cuentos populares ComprendÃa que el yerno era una criatura débil, que no podÃa hablar ni vivir de otro modo, y como veÃa que los reproches de su hija no servÃan de nada, procuraba atenuarlos y evitarlos para que su casa no se convirtiera en un infierno. Era una mujer que casi no podÃa soportar fÃsicamente las malas relaciones entre las personas. Para ella estaba claro que asà nada podÃa arreglarse y que la situación no hacÃa más que empeorar. Ni siquiera lo pensaba. Sencillamente, al ver a una persona airada sufrÃa como la hacÃan sufrir un mal olor, un ruido molesto o como si le dieran golpes.
Estaba muy satisfecha por haber enseñado a Lukeria de qué modo se amasaba la pasta, cuando Misha, su nietecito de seis años, con su delantalito, sus piernas torcidas y sus zurcidas medias, entró corriendo en la cocina, asustado.
—Abuela, un viejo muy feo te llama.
Lukeria miró y dijo:
—SÃ, debe ser un mendigo.