Cuentos populares
Cuentos populares Era evidente que Ãbamos a la buena de Dios porque, al cabo de un cuarto de hora, aún no habÃamos visto un solo pose indicando las verstas.
—¿Crees que llegaremos a la estación?
—Si nos dejamos guiar por los caballos, podemos volver a la estación de donde hemos salido. Ellos nos conducirán. Pero dudo de que lleguemos a la siguiente… Con este tiempo, es fácil que perezcamos.
—En este caso, debemos volver porque, realmente…
—Entonces, ¿volveremos? —me preguntó.
—SÃ, sÃ.
El cochero soltó las riendas. Los caballos corrieron más veloces y, aunque no noté que girara el trineo, el viento cambió de dirección y en breve divisé los molinos. Animado, el cochero empezó a hablar.
—En una ocasión me sorprendió una borrasca y tuve que pasar la noche entre unos haces de heno. Y gracias a que pude llegar a ellos, que si no, me hubiera helado… ¡Menudo frÃo hacÃa! A uno de mis compañeros se le helaron los pies y estuvo tres semanas a la muerte.
—En este momento no se siente frÃo; parece que la borrasca ha amainado. ¿No podrÃamos seguir?