Cuentos populares
Cuentos populares AccedÃ. De nuevo giramos y seguimos adelante contra el viento, por la estepa nevada. Yo no dejaba de mirar al camino por temor a que nos desviáramos de las huellas que habÃan dejado los trineos. Durante dos verstas, las huellas se divisaron bien, después sólo se vio una pequeña desigualdad y ya no supe si se trataba sencillamente de una capa de nieve amontonada por el viento. Mis ojos se cansaron de fijarse en el monótono correr de la estepa bajo el trineo y empecé a mirar hacia delante. Aún vimos al poste que indicaba la tercera versta, pero fue imposible dar con el siguiente. Lo mismo que al principio, empezamos a ir tan pronto en dirección al viento como en contra de él y tan pronto a la derecha como a la izquierda. Finalmente, el cochero dijo que nos habÃamos desviado hacia la derecha; yo opinaba, por el contrario, que habÃamos ido hacia la izquierda, mientras que Aliosha trató de demostrarnos que volvÃamos por donde habÃamos venido. Nos detuvimos varias veces y el cochero se bajó para buscar el camino, pero siempre en vano. Yo también bajé una vez, creyendo que lo habÃa visto. Pero, apenas hube avanzado con gran dificultad algunos pasos contra el viento y me hube convencido de que sólo habÃa capas de nieve, todas iguales y uniformes por doquier, y que se me habÃa figurado ver el camino, perdà de vista el trineo.
—¡Cochero! ¡Cochero! ¡Aliosha! —grité.