Cuentos populares
Cuentos populares La nieve tornábase más blanca y deslumbradora por momentos. Me empezaron a doler los ojos de mirarla. Unas franjas rojizas y anaranjadas se elevaron por el cielo, volviéndose muy luminosas. En el horizonte, entre las nubes grises, apareció el rojo disco del sol; el cielo se volvió de un azul intenso y brillante. Junto a la aldea cosaca, las huellas del camino aparecÃan claras; acá y allá se veÃa algún bache; el frescor del aire helado me resultaba muy agradable. Mi trineo se deslizaba veloz. La cabeza del caballo de varas y su cuello, con las crines al aire, se balanceaban rápidamente. Los animales tiraban todos a una, dando enérgicos brincos; las borlitas les golpeaban los flancos y las retrancas heladas se ponÃan tensas. A ratos, el de varas se hundÃa en un montón de nieve y salÃa de él con los ojos pegados. Ignashka lanzaba alegres gritos, con su voz de tenor. Los palos de los trineos rechinaban sobre la nieve helada; como si fuera un dÃa de fiesta, se oÃa el sonoro tintineo de los cascabeles y los gritos de los cocheros, que estaban algo bebidos. VolvÃa la cabeza, con los cuellos en tensión y respirando uniformemente, los caballos trotaban por la nieve; Filip se arreglaba el gorro, sin dejar de blandir el látigo; y el viejecito iba echado en el centro del trineo, con las piernas recogidas.