Cuentos populares
Cuentos populares —No soy de su opinión, —repuso el abogado—, a cada aserto, los hechos de la vida real desmienten sus teorÃas sobre el matrimonio, pues toda la humanidad, o, por lo menos, la mayor parte, hace vida conyugal, y muchos esposos acaban tranquilamente una larga vida en común.
El caballero nervioso sonrió maliciosamente:
—¿Y qué? Me dice usted que el matrimonio se funda en el amor; y cuando yo niego la existencia de todo otro amor que el que proviene del goce de los sentidos, quiere usted probarme la existencia del amor por el hecho del matrimonio, que es por parte del hombre una violencia y una mentira por parte de la mujer.
—No, no hay tal —objetó el abogado—. Yo sólo digo que los matrimonios han existido y existen.
—Pero ¿cómo y por qué? Han existido y existen para gentes que han visto y ven en el matrimonio algo sacramental… una obligación contraÃda ante la divinidad. Para esos, existen, y para nosotros no son más que hipocresÃa y violencia. Estamos convencidos de ello, y para acabar tan inicua farsa, predicamos el amor libre; pero predicar el amor libre no es en substancia sino invitar a volver a la promiscuidad de los sexos (usted dispense, dijo a la señora), al pecado a la buena de Dios de los raskolniks. Los viejos cimientos no son ya tan sólidos como antes y hay que edificar sobre otros nuevos, pero no predicar la vida licenciosa.