Cuentos populares
Cuentos populares Cabalgábamos por el camino con intención de alcanzar cuanto antes a la infanterÃa. El capitán parecÃa estar más pensativo que de costumbre; no se quitaba la pipa de la boca y, a cada paso, espoleaba el caballo que, balanceándose, dejaba una huella apenas perceptible en la alta hierba mojada, de un verde oscuro. Debajo de sus mismos pies salió volando un faisán con ese grito peculiar y ese batir de alas que obliga al cazador a estremecerse, y se elevó lentamente por los aires. El capitán no le hizo el menor caso.
Ya estábamos a punto de alcanzar el batallón cuando se oyó, detrás de nosotros, el galope de un caballo y, al momento, pasó a nuestro lado un muchacho jovencito y bien parecido, con guerrera de oficial y gorro alto de piel blanca. Al llegar junto a nosotros, sonrió, le hizo al capitán una seña con la cabeza y blandió el látigo… Sólo pude observar que su postura en la silla era muy grácil, asà como su manera de sujetar las bridas, que tenÃa hermosos ojos negros, la nariz muy fina y un bigotillo incipiente. Lo que más me gustó de él fue que no habÃa podido por menos de sonreÃr al ver que lo admirábamos. Por esa sola sonrisa se podÃa deducir que era muy joven.
—¿A dónde irá? —rezongó el capitán con expresión descontenta, sin quitarse la pipa de la boca.
—¿Quién es? —le pregunté.