El Diablo
El Diablo "SÃ, hay que matar, sÃ. Solo hay dos salidas: matar a mi esposa o matarla a ella. Porque es imposible vivir asÃ", se dijo a sà mismo, y yendo a la mesa, tomó de ella un revólver y, después de examinarlo —faltaba un cartucho—, lo puso en el bolsillo de su pantalón.
"¡Dios mÃo! ¿Qué estoy haciendo?" exclamó de repente, y juntando sus manos comenzó a rezar.
"Oh Dios, ayúdame y lÃbrame. Tú sabes que no deseo el mal, pero por mà mismo soy impotente. Ayúdame", dijo, haciendo la señal de la cruz en su pecho frente al icono.
"SÃ, puedo controlarme. Saldré, caminaré y reflexionaré".
