El Diablo

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IV

Eugene mismo soñaba con el matrimonio, pero no de la misma manera que su madre. La idea de usar el matrimonio como un medio para arreglar sus asuntos le resultaba repulsiva. Deseaba casarse honorablemente, por amor. Observaba a las chicas que conocía y se comparaba con ellas, pero aún no había tomado una decisión. Mientras tanto, contrariamente a sus expectativas, sus relaciones con Stepanida continuaron e incluso adquirieron el carácter de un asunto establecido. Eugene estaba tan lejos de la disipación, le resultaba tan difícil hacer en secreto esta cosa que sentía que estaba mal, que no podía organizar estos encuentros por sí mismo e incluso después del primero esperaba no volver a ver a Stepanida; pero resultó que después de algún tiempo la misma inquietud (debida, creía, a esa causa) lo volvió a vencer. Y su inquietud esta vez ya no era impersonal, sino que sugería precisamente esos mismos brillantes ojos negros, y esa profunda voz diciendo "hace muchísimo tiempo", ese mismo aroma a algo fresco y fuerte, y ese mismo pecho lleno levantando el delantal, y todo esto en ese matorral de avellanos y arces, bañado en brillante luz solar.


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