El Diablo
El Diablo Eugene mismo soñaba con el matrimonio, pero no de la misma manera que su madre. La idea de usar el matrimonio como un medio para arreglar sus asuntos le resultaba repulsiva. Deseaba casarse honorablemente, por amor. Observaba a las chicas que conocÃa y se comparaba con ellas, pero aún no habÃa tomado una decisión. Mientras tanto, contrariamente a sus expectativas, sus relaciones con Stepanida continuaron e incluso adquirieron el carácter de un asunto establecido. Eugene estaba tan lejos de la disipación, le resultaba tan difÃcil hacer en secreto esta cosa que sentÃa que estaba mal, que no podÃa organizar estos encuentros por sà mismo e incluso después del primero esperaba no volver a ver a Stepanida; pero resultó que después de algún tiempo la misma inquietud (debida, creÃa, a esa causa) lo volvió a vencer. Y su inquietud esta vez ya no era impersonal, sino que sugerÃa precisamente esos mismos brillantes ojos negros, y esa profunda voz diciendo "hace muchÃsimo tiempo", ese mismo aroma a algo fresco y fuerte, y ese mismo pecho lleno levantando el delantal, y todo esto en ese matorral de avellanos y arces, bañado en brillante luz solar.